Bienvenido(a) a Palmadores Thursday, April 09 2020 @ 02:35 PM CEST

Entre pipas y cables

Cajón de sastre
  • Monday, February 02 2004 @ 04:02 PM CET
  • Autor:
Os pongo es un artículo escrito por Turrón y Babas en Abril de 2001 que habla sobre las personas que hacen posible el gran circo del rock&roll. Nos sumergimos en el mundo de los técnicos, montadores, cargadores y demás personal cuya principal misión es que todo esté dispuesto y funcione a la hora de montar un concierto. Son los primeros en llegar y los últimos en irse, los que nunca salen en el cartel, los imprescindibles.

Mañana concierto. Recinto grande, tipo Las Ventas o La Cubierta. Una gran producción, pasta en juego. Aunque la suerte ya esta echada: los carteles han ido empapelando la ciudad, las revistas especializadas ya lo han anunciado a bombo y platillo, las radios han dado la información...

El caso es que ya, un día antes, unos camiones esperan a ser descargados. Llevan tubos para aburrir, toda la estructura del escenario, todo lo necesario para cumplir con el plano y las medidas que previamente ha remitido el manager del grupo al productor del concierto: "el tío de producción, si es un profesional, tiene que estar el primero y pirarse el último", nos comenta Miguel "Malcarado, curtido trabajador en los escenarios durante años. "En un montaje, todo el mundo se remite a él. El es quien, en teoría, ha contratado a todo el mundo y sabe cómo debe ser el escenario. El es quien dice hasta dónde debe llegar la corriente, dónde han de estar los servicios clínicos para el público, que la gente que monta tenga agua, que la pancarta del grupo esté colgada al fondo del escenario, de los camerinos, de todo...". La figura de este productor será la que coordine toda la entrada y salida de personal profesional. El ha contratado no sólo a un exitoso grupo que le hará ganar sus durillos, sino también a más de cincuenta personas para armar y desarmar el espectáculo, para velar por la seguridad del público, para anunciar el evento... El tiene diseñado un horario que sabe de sobra que sólo se cumplirá sobre el papel.

Un puñado de chavales van llegando, caída la tarde, con ropa cómoda y calzado deportivo. Llegan dispuestos a sudar hasta muy entrada la madrugada. Tampoco sería raro ver cómo se va haciendo de día entre tuercas y largas barras plateadas. Se les conoce como "escafos" y son los responsables de dar forma a toda la gran estructura que supone un escenario: altura suficiente, accesos seguros y solidez para soportar todo lo que se le viene encima. "Hay unas cuantas empresas que se dedican a ello" --nos habla ahora Kikín, joven y competente técnico de backline--". Te montan todo tipo de estructuras. Son hierros, montones enormes... Va de lo más sencillo a verdaderas construcciones con muchas alas para poder colgar todo el sonido, con escalinatas, rampas... Donde hay pasta, un pedazo de escenario; y, si vas a un pueblecillo, pues las típicas cajas de cerveza con sus tablas encima... Claro, que eso no requiere mucho profesional para montarlo". Normalmente, en este gremio hay mucho escalador, mucho aficionado a trepar por rocosas paredes en sus ratos de ocio, mucha gente sana acostumbrada a trabajar y convivir con las alturas. "En un montaje grande los escafos han de estar durante el desarrollo del concierto, no terminan y se van. Hay grupos que llevan un muñecote grande que sacan durante la actuación y eso lo controla esta gente, o se necesita un punto de voladura y ahí se sube a la estructura, asegurado, y se cuelga desde donde haga falta".

Ayudando a este equipo de alturas y a todos los que vengan detrás están los "jumpers". Kikín nos los presenta: "son los trabajadores que están durante todo el concierto. Descargan todos los camiones que lleguen; si es necesario, se ponen de seguridad o como ayudantes de organización: son los curritos, los que menos mandan dentro de la organización de un concierto. Están para echar una mano a cualquiera; para nosotros, los técnicos, son fundamentales. También hay empresas que contratan cuadrillas de jumpers". Estos imprescindibles personajes hacen que funcione esta vorágine contrarreloj. Miguel nos sigue contando: "son la gente de carga y descarga. Son importantísimos, los que más curran. Suelen ser muy profesionales; a ellos mismos les gusta reconocer que no son cabezas pensantes; hacen lo que les pidas, sin más, y la verdad es que suelen ser muy buena gente".

Cuando ya está a punto lo más gordo del andamiaje y ya hay un escenario físico sobre el que trabajar, los técnicos de luces aparecen con todos los trastos. El equipo suele estar compuesto por técnicos montadores y técnico de mesa de luces. Miguel nos lo explica: "principalmente, en un espectáculo de rock, las luces se dividen en móviles, que van programadas por ordenador, y la lámpara par, que son los típicos botes. Normalmente hay un técnico para móviles, otro para las luces normales y otro para los 'dimmers', que son como las etapas de potencia para los focos. Este último controla que no se calienten, que no se funda ninguna bombilla. Sobre el escenario suele haber uno o dos más, para el humo y eso; también puede haber un par de cañoneros, que manejan focos. No sé: en un festival como el de Benicàssim había diez personas para las luces, pero en una sala como La Riviera puede haber dos y ser suficiente". Se empieza a montar sobre el suelo del escenario todo el material que iluminará la actuación, enormes puentes que se izarán hasta convertirse en la cúpula del escenario: "hasta que los 'luceros' no suben su estructura" --nos cuenta Kikín-- "no se puede hacer mucho. Para montar tarimas y poner equipo tiene que haber sitio sobre el escenario". También se encargarán de montar los telones si fuesen necesarios.

Grandes cajas de madera provistas de ruedas lo ocupan todo. Es fundamental el orden al almacenar todos estos abultados embalajes no sólo para el montaje, sino para, después del bolo, recoger rápida y provechosamente. Aquí aparece otra persona importantísima en todo este engranaje humano: el técnico de escenario (stage manager si preferimos utilizar el anglicismo), alguien que coordinará a todo quien tenga que realizar algún trabajo sobre las tablas: "el tío de producción no puede abarcarlo todo, eso está claro, por lo que pone los galones sobre el escenario al stage manager. Si un escafo necesita una rampa se lo dice, si el de luces tiene que guardar unas cajas le proporciona un espacio... él tiene que achuchar a todo el mundo: 'oye, que hay media hora, que entran los de sonido...' Es el malo y el bueno de la película según a quien tenga que meter prisas. De él depende que tengamos tiempo para cenar o comer, que el grupo pueda probar a gusto, o que si son varios grupos la cosa se reparta lógica y equitativamente". Kikín nos perfila aún más la labor del stage manager: "en festivales y movidas gordas es fundamental: lleva el tiempo a rajatabla y eso crea a veces malos rollos. Date cuenta que cinco minutos de retraso con un grupo, si lo multiplicas por los grupos que hay, puede ser un desfase importante...".

Una vez que ya se ha "decorado" la estructura aparecen por allí los camiones con el equipo de sonido que mostrará al gran público las canciones en directo de su grupo favorito, todo el equipo que sacará el sonido al exterior. Los jumpers vuelven a hacer cadena y todo va yendo a parar a su sitio. Son grandes y pesadas cajas negras que se van colgando de la estructura: agudos, medios, graves y subgraves, veinte o treinta mil watios... una relación directamente proporcional entre watios y público. Pesadas etapas de potencia se acumulan en estratégicos rincones. Con la aparición de la P.A. la cosa empieza a tomar aspecto de concierto. Además de todas esas cajas negras, conocidas como la "madera", enormes mangueras de cable comienzan a extenderse hasta un punto situado a unos cincuenta metros del escenario: "es el control de P.A., el chiringuito; se tiran muchos metros de manguera. En Benicàssim, por ejemplo, se hace una zanja para llevar todos esos cables desde el escenario hasta ese punto y luego se tapa. Es un follón: lo mismo son cincuenta líneas las que tienen que llegar a la mesa", nos cuenta Kikín. Será el lugar que ocupe el técnico de P.A., la mesa de sonido, el corazón del bolo. A su lado, en este lugar, trabajará el técnico de luces. Normalmente, cada grupo, lleva su técnico de P.A., una persona que sabe de sobra cómo debe sonar el grupo para el que trabaja: "en algunos festivales " --nos comenta Miguel-- ", hay veces que el grupo no trae técnico. Entonces suele haber prevista una persona que les hace esa función, alguien contratado por la organización. Si el grupo trae su técnico esta persona pasa a estar a su servicio para lo que pueda necesitar". Una vez que todo va ocupando su lugar el escenario empieza a quedar vacío.

Es el momento de colocar en su sitio las herramientas que permitirán al músico realizar su trabajo en unas condiciones decentes. Por un lado todo el monitoraje, todas las cuñas que permitirán al artista escuchar la música que está interpretando. El técnico de monitores dispondrá su mesa a un extremo del escenario, cerca del músico. Mientras, y por último, se está colocando el backline del grupo, trabajo que dirige el técnico correspondiente: "en un montaje de éstos de recinto grande, que no sea una sala, se trata de no estorbarse; yo, hasta que no tenga mis tarimas o me guíen ciertas mangueras con corriente, no puedo hacer nada. Toda esta rapidez y coordinación depende del número de jumpers que se hayan contratado y también de la competencia del stage manager", nos dice Kikín. Si el equipo ha sido alquilado a una empresa, una persona acudirá como técnico; si el equipo viaja con el grupo, el técnico será uno más en la expedición. Todos los amplis, la batería, teclados, percusiones y demás instrumentos van ocupando su posición.

El técnico de escenario se encarga de que cada instrumento esté amplificado con su correspondiente micrófono. Es el momento de chequear, el momento de ver si la señal acústica llega del escenario a la mesa de P.A. y a la mesa de monitores. El técnico de luces también prueba, aunque quizá la luz del día no le permita comprobar todo lo bien que quisiera. Gajes del oficio...

Por fin los músicos comienzan a hacer acto de presencia. El famoso "pacto con el diablo" les ha mantenido en el hotel, concediendo entrevistas a multitud de medios periodísticos o firmando discos en alguna tienda de la ciudad. Cuando asoman por el escenario, el técnico de backline ya les tiene listos los instrumentos: hay baquetas de sobra, púas para dar y tomar, cuerdas nuevas en las guitarras, pilas en los pedales... A un lado del escenario se ha montado su soporte con las guitarras y bajos que utilizará el grupo durante la actuación. Un par de afinadores están luciendo todo el rato al lado de un maletín con cuerdas de reserva, alicates, cinta americana, varias listas con el repertorio del grupo... Primero le toca al batería, el más complicado de ecualizar; luego bajo, guitarras y voz: "cuando curro como técnico de backline tengo que estar ahí, afinando guitarras, atento al músico, a su instrumento", afirma Kikín. Es el momento de ver si todo suena como debe ser. Kikín nos describe ese instante: "el técnico de P.A. y el de monitores son quienes están más atentos: es su momento. Hay que estar al loro: es la prueba general, el sonido... El técnico de monitores tiene que ver que cada músico está a gusto con lo que recibe por su cuña, el técnico de P.A. hace las últimas colocaciones de micrófonos y el técnico de escenario comprueba que todo está en orden, seguro. El es quien se encargará de que nada se caiga o se descoloque durante la actuación". El grupo prueba con un tema entero. Todo parece ir bien a pesar de las puntualizaciones que cada cual cree apreciar. El técnico de monitores también está a punto, los músicos le han dado el OK... Ya nada se debe tocar hasta que comience el espectáculo, que será tres o cuatro horas después.

Una vez que empieza la función, el técnico de escenario se encargará de que todo siga en orden durante el desarrollo del bolo. El será, si hubiese más de un grupo, quien coordine los cambios de equipo entre grupos, recolocando micrófonos o moviendo las diferentes tarimas con ruedas con la nueva batería o algún nuevo amplificador.

Se abren las puertas del recinto al gran público. Kikín nos explica que "hay mucha gente, muchos técnicos, que, cuando empieza el concierto, se aburren como ostras: ya no hay nada que hacer hasta empezar a recoger, dos o tres horas después. Yo he estado trabajando con Rocío Jurado y eso era lo peor, muy heavy". Una vez que el concierto arranca, el técnico de escenario sigue controlando todo: micros en su lugar, grupos a su hora, cambios de equipo rápidos... "En Benicàssim, el técnico de escenario iba a saco" --continúa Kikín-- ". Cortaba la corriente al grupo, ya fuesen guiris o de aquí, les decía: 'un tema más' y, si lo enlazaban con otro, lo cortaba. Eso creó malos rollos. A veces parece que es el policía del escenarios, pero es necesario". Se van sucediendo las horas: el técnico de backline tiene sobradamente afinadas las guitarras que usará el grupo durante la actuación, el público vibra y todo va bien.

El road manager del grupo respira tranquilo: todos los técnicos han respondido, el camerino está al gusto del grupo, el promotor del concierto le guiña un ojo... Todo ha ido de perlas, todo el mundo cobrará lo pactado... Un par de bises y aplausos: "Buenas noches Madrid, os queremos".

Los músicos ponen sus instrumentos en manos del técnico de backline, el manager los guía a camerinos... Comienza la recogida: los jumpers, que han estado casi relajados durante tres o cuatro horas, comiéndose un bocata y echando un cigarrito, se ponen de nuevo los guantes. Se recoge el backline, a toda prisa pero concienzudamente. Tras esto, todo el monitoraje y enseguida se empieza a desmontar la P.A. El público va desalojando el recinto, el artista apura una cerveza en el camerino mientras le agasajan con piropos por su buen hacer...

La trasera del tablado es un cúmulo de cajas; por la puerta entran en riguroso orden camionetas que se van llenando con el material. El stage manager va dirigiendo al personal que tiene que recoger todo lo que se ha montado sobre el escenario: "el técnico de escenario" --comenta Kikín-- "tiene especial cuidado en controlar que el material más caro, que suelen ser los micrófonos, se recoja lo primero. Una vez, sin darnos cuenta, nos guardamos un micro de condensador, que son casi cien talegos; el técnico me vino a preguntar: 'tío, ¿has visto esto? Es que me he descuidado un momento y...' Y allí estaba: todo debe ser recogido con orden porque hay tendencia a las prisas y es normal. Ahí, si hay jumpers suficientes, les comentas la jugada antes de nada: les dices dónde va todo y ya está. Yo cuido lo más delicado y ellos van cargando con lo más pesado". Es el momento de desmontar la P.A para que los luceros puedan bajar su maquinaria y volver a colocarla en sus embalajes. La estructura del escenario vuelve a lucir desnuda. Las horas pasan sin que uno se dé cuenta. Los escafos, con un poco de suerte, no desmontarán hasta la mañana siguiente, aunque es muy probable que comiencen esa misma noche, de madrugada, a encaramarse a las altos andamios y a aflojar cientos de tuercas.

Al día siguiente todo vuelve a empezar. Los camiones de sonido habrán llegado a otra ciudad donde unos escafos tendrán dispuesta otra edificación de hierros. El grupo descansará en el hotel o cogerá la autocaravana, el trailer de luces también circulará por alguna autopista... Es el momento de echar un cigarrito, repasar anécdotas con los compañeros y cerrar durante unas horas los cansados ojos.

Anecdotario de un roadie ibérico

El circuito rockero internacional recala en nuestro país desde hace ya unos cuantos años. Eso ha permitido crear una infraestructura decente para cubrir esa parcela del negocio musical. Hay gente que ha estudiado y hay empresas con un respetabilísmo nivel que dan cobertura a las necesidades del negocio de la música en vivo: "cuando me metí en la escuela para estudiar esto hacía mogollón de prácticas. Siempre tienes algún colega que te lleva a bolos y flipas. Te vas fijando en el sonido y todo lo ves muy bonito; luego te vas dando cuenta de que la técnica no cuenta tanto, que cuenta más el trato con el músico, la sensación de seguridad que transmitas, la confianza que deposite en ti, como técnico, el músico que sea". Por otro lado, los artistas más exitosos de aquí se entregan sin pudor a la demanda de sus fans y eso les obliga a girar durante meses, recorriendo recónditos pueblecillos o grandes capitales. "Hay diferentes montajes: giras que hace el grupo solo con su backline en la furgoneta y otros montajes donde viajan técnicos y un equipo de sonido completo. En este último caso se alquilan autocares con camas; cuando es así, prácticamente no ves al grupo (quizás un poco durante la prueba de sonido). Te acuestas en Cádiz a las dos y media de la madrugada y te levantas a las nueve de la mañana en Madrid para empezar a montar. En una gira potente los itinerarios están muy controlados. Un conductor no puede hacer todo del tirón: tiene un disco que respetar, por lo que hay un sustituto. Cuando viajamos en gira, el stage manager nos va despertando. Primero a los de luces; después a los de sonido, y así". Y es que el técnico, sea de lo que sea, tiene bastante asumido su papel de obrero en esa obra que es una actuación en directo: "la verdad es que, cuanto más grande sea el concierto, más fácil es todo: hay una persona para cada cosa, hay mogollón de equipo. Las cosas también cambian en cada ciudad, en cada pueblo; hay veces que te encuentras con una cuadrilla de jumpers que son los jubilados del pueblo, otras que son chavales pero que no tienen ni idea del precio del material que están cargando, otras veces son estudiantes de sonido y entonces mola mucho más trabajar y es todo más fácil...".

El técnico no va cargado con el ego durante la gira; le preocupan otras cosas más profesionales: "aquí los más profesionales no son los que más ganan; los más profesionales son los que se desenvuelven mejor, los que respetan a los técnicos... Yo he currado con muchísimas bandas y, por ejemplo, como Rosendo no hay muchos: el tío tiene un respeto por su público, por los técnicos y por la profesión que te mueres. Luego ves a gente a la que adoran millones de personas y son tíos que ni tocan en directo, que hacen playback".

Artistas superventas como Luz Casal, La Unión, Miguel Bosé o Raimundo Amador se permiten giras que duran medio año y que rulan por toda la península como Pedro por su casa. Son artistas que tocan lo más alto del podium en lo que a actuaciones se refiere, compitiendo en medios técnicos con muchos grupos extranjeros: "Manolo García es otro de los involucrados con esta profesión. Podría ganar mucho más dinero cediendo en diversos detalles, pero le gusta cuidar a su gente. No discute necesidades de trabajo: para mí, la suya es una gira ejemplar. Manolo gira con catering, un trailer con cocinas, neveras, pucheros y cocineros que también están en gira; se llega a donde sea, un polideportivo, por ejemplo, y se habilita un espacio para colocar mesas y servir ahí desayunos, comidas y cenas. También hay giras de fin de semana, que suelen ser ocho conciertos al mes o así: sales el viernes y el domingo estás en casa, pero el equipo es bastante más reducido. Luego hay giras de verano, de junio a septiembre, en las que prácticamente no pasas por casa, todo ese tiempo estás en carretera. Con Manolo García, por ejemplo, te puedes tirar catorce meses de gira: son cien conciertos que ya están firmados más todos los que puedan surgir según le funcione el disco. Para esas giras al técnico le piden exclusividad, que nos les llegues un día diciendo que no vas porque te pagan más en otro bolo y eso...". Digamos que, una vez más, estamos hablando de la primera y de la segunda división, una cuestión de cachés. El técnico que trata de vivir de esto se va revolviendo entre unas y otras giras según la época del año que sea: "en las giras de invierno viajas con la banda, estás día a día con el grupo y los planes de trabajo se van haciendo según el bolo: son las giras de Boikot, Enemigos o Porretas. La propia banda descarga y carga y el técnico está un poco para todo: además de montar el backline tiene que ser un poco tour manager. Es, por darle un nombre, la serie media y para mí es donde te encuentras con la gente de verdad, la gente que mantiene esto, los grupos que hacen que haya un poco de cultura musical. El público que sigue a estos grupos no lo hace por moda o por ser temporada, sino porque les gusta su música".

Algunos artistas (y con ellos sus técnicos) incluso se permiten el salto del charco realizando giras por Sudamérica: "David Summers hace muchos bolos por Sudamérica. Es uno de los que mejor paga a sus técnicos, un tío profesional. No es de los que esté en una burbuja inaccesible, aunque de eso tienen mucha culpa los managers: él es un tío que confía plenamente en sus técnicos. Si un día ve su Marshall colgada de las barras de las luces no se escandaliza: pregunta y respeta la respuesta del técnico que haya tenido que hacer eso". Por desgracia, no todo lo que reluce es oro: "hace poco han llamado a mucha gente para ir con Alejandro Sanz y un montón han dicho que no; era para la gira por América y era un montón de tiempo. Realmente, para ir a una cosa de ésas te tiene que dar mucha confianza el jefe. Digamos que, si sabes que vas a pasar malos ratos, no vas; no es cuestión de dinero. Una cláusula del contrato de Alejandro Sanz deja bien claro que el técnico no puede hablar con el artista: te pueden largar simplemente por decirle 'buenos días'. Estoy seguro que Alejandro no tiene ni idea de eso; hace cuatro años o así no era una mala persona. Me acuerdo que tocaba flamenco y andaba más normal, pero ahora es así y por eso trabajar para él no es cómodo".

Y es que se aprende de lo malo antes que de lo bueno: "con Iggy Pop he trabajado en tres o cuatro conciertos. Es un tío increíble y, aunque tiene años, es muy ágil. Lo más importante con el backline en un concierto de Iggy es que los Marshall no se caigan al suelo: hay que tenerlos fijados con correas porque suele trepar a todo lo que ve y si se cae hay bronca".

Tocando el terreno guiri, conocemos la convivencia que reina en los encuentros entre técnicos foráneos y técnicos peninsulares: "generalmente hay respeto entre los técnicos extranjeros y los de aquí. Hasta hace poco por ahí fuera se seguía creyendo que esto era el norte de Africa; hay veces que no piden cosas porque creen que aquí no existen, modelos de amplificadores o cosas técnicas que piensan que aquí no han llegado todavía. Normalmente hay respeto: saben que su trabajo depende del nuestro... Hay muchas bandas que todo lo que les rodea es asqueroso; además de ser asquerosos los del grupo, la gente que va con ellos lo es también: no tienen respeto, piensan que estamos para lo que sea y nosotros estamos para currar, no para tonterías, pero eso no suele ser lo normal. Hay buen rollo: son peña que llevan seis meses viajando por todo el mundo, con un hijo de seis meses en casa esperándoles, agotados... no puedes juzgar a nadie por un día".

Si nos seguimos fijando en lo de fuera vemos que el técnico de aquí siente sus celillos: "Pat Metheny lleva una persona para cuidar cada instrumento: para las guitarras, para la percusión, bajo... ¿Sabes? Ya me gustaría. La verdad es que eso depende del grupo: en cierto modo, cuenta mucho la personalidad del músico".

Entre las anotaciones de un roadie patrio podemos encontrar también accidentes laborales: "lo de Benicàssim del 97 fue lo más chungo que jamas me ha pasado. Se nos cayó el escenario entero. De repente, una mole de toneladas cayendo sobre nuestras cabezas. A mí me pilló al borde del escenario y los focos venían luciendo según caían desde arriba. Me tiré al suelo desde el escenario, una hostia de cuatro o cinco metros, y cuando me levanté corrí para ver qué le había pasado a mis compañeros. Estaba seguro de que alguno estaba ahí atrapado, pero por suerte no pasó nada". Por suerte. Porque hay veces que sí que pasan cosas: "es peligroso. Se mueve mucho material, sobre todo lo de la P.A., y, si una etapa de potencia de las de casa pesa un montón, imagínate lo que pesan las que se usan en este tipo de bolos y ponte a cargar camiones que llevan muchísimas de esas etapas a las cuatro o seis de la mañana. Yo he visto verdaderas bestialidades: piernas rotas, dedos pillados, cejas sangrando, mucha gente colgadísima... Date cuenta de que no puedes estar horas, que hay que ir deprisa... Siempre hay empresas y empresas, pero la verdad es que la gente que lleva mucho tiempo se quema".

Los autores agradecen a Kikín (que ha currado de técnico para Deviot, Seguridad Social, Planetas, Enemigos, etc...) y a Miguel "Malcarado (técnico para B. B. King, REM, Raimundo Amador y Molotov entre otros) las declaraciones prestadas para este artículo.

Turrón & Babas

Los siguientes comentarios son de la persona que los haya enviado. Este sitio no se hace responsable de las opiniones expresadas por los participantes en los foros y secciones de comentarios, y el hecho de publicar las mismas no significa que esté de acuerdo con ellas.

Comments are closed and no new posts are allowed.

  • Entre pipas y cables
  • Escrito por:Anonymous (Anonymous User) sobre Monday, July 20 2009 @ 11:12 PM CEST
5 años despues de que lo hayas colgado, pero me ha encantado leer este artículo!!!!
GRACIAS
Diana